Doctor George Sheehan, corredor y filósofo.
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sábado, 19 de febrero de 2011
Rafa Vega y su Maratón de Sevilla
miércoles, 16 de junio de 2010
Correr/Reportaje La 2 TVE
domingo, 14 de febrero de 2010
Jacques y Simone
Como siempre que programaban un viaje a la costa, la estancia siempre la buscaban en sitios cercanos a paseos marítimos. Las Vegas era el hotel idóneo para ello, a dos pasos de la playa.
El recepcionista del hotel puso una cara algo estúpida cuando vio a este matrimonio ataviado de corto y con camisetas de algodón de una maratón de una ciudad francesa. Jacques les pidió información de una ruta a seguir corriendo, y el hombre le respondió que el paseo mide unos tres kilómetros, pensando que esta pareja, él con 74 años y ella con 72, tendrían de sobra con esos kilómetros.
Jacques, con un corto pelo cano, 1,70 de estatura y 57 kilos de peso delataba ser un corredor de mil y una batallas. Simone, su esposa, bajita, 1,55 y piel y hueso, sin un gramo de grasa daba el físico de una curtida maratoniana.
Decidieron empezar a correr hacia poniente, llegando hasta
Jacques le llevaba una distancia de unos cuarenta metros a Simone, tanto a ella como a él poco le importaba eso, cada uno iba a su bola, siempre respetando el no distanciarse mucho uno del otro.
Justo en el kilómetro siete y medio, en el Paseo de los Canadiense, el enjuto corredor vio a un colega suyo, bastante mas joven y con otra camiseta de la media maratón de Sevilla-Los Palacios y aceleró el ritmo para darle así alcance. Chapurreando el español logro preguntarle hacia donde daba ese camino, y este le contestó que por él se podía hacer todos los kilómetros que quisiera.
Se presentó él por Jacques Malle y el nuevo acompañante por Paco Montoro. Este le dijo que cuantos kilómetros pensaba hacer y le dijo mitad seña y mitad hablando que unos
Paco preguntó por la edad de ambos, y al enterarse no daba crédito a lo que veían sus ojos. Paco los llevó hasta el kilómetro 12 y ahí dieron la vuelta los tres. ya que el plan de este último era una tirada de
Jacques contestaba a todas las preguntas del curioso Paco, sobre alimentación y kilómetros semanales, comentando que ellos pasaban de los 100 kms durante los siete días.
A la hora larga de correr los tres juntos, el matrimonio se despidió de aquel preguntón corredor, decidiendo este de parar y realizar sus estiramientos y ellos rumbo a ese Hotel Las Vegas, donde le esperaban una buena ducha caliente y un merecido desayuno.
Nota: Esa historia es en parte real (los nombres no, exceptuando el mío), muy poco hay inventado, todo lo deportivo es cierto, e incluso el hotel. ¿Llegaré yo a esa edad y en ese estado de forma? ya me gustaría a mi.
Los volví a ver al día siguiente, por la zona de
sábado, 25 de abril de 2009
Debo de contenerme.....
Ahora me encuentro con muchas ganas de empezar a meter kilómetros a mis piernas, pero debo de contenerme y seguir por este camino de recuperación. El motivo por el cual me estoy controlando, es él de volver a correr con inteligencia. Meterme un puñado de kilómetro sin ninguna competición a la vista es un paso atrás. Se que está ahí la media maratón de montaña de
Ahora disfruto como siempre, el hecho de correr cinco días a la semana mis 40 minutos y algunos más los domingos me hace sentir bien. Los abdominales-lumbares y ejercicios con bandas elásticas me acompañan en estas jornadas tan placenteras. Me lo estoy pasando bien y eso es importante. Escuchar el cuerpo, es una ventaja más para tener una larga vida como corredor, y esa es mi meta, llegar a ser un viejecito que sigue corriendo maratones.
Salud, Kms y un gramo de locura
sábado, 10 de mayo de 2008
ESOS LOCOS QUE CORREN (Marciano Durán)
Este texto empieza en el Blog amigo de Jose Antonio, Diario de un corredor . Pinchando en el podremos leer un texto que muchos conoceréis, Esos locos que corren de Marciano Duran, y que acaba en este blogs de Correr para vivir mejor. Creo que todos nos identificamos con sus palabras, yo me reconozco en el ¿y ustedes?
El colgarlo en dos blogs ha sido idea de José Antonio, creo que es bueno que haya un vínculo entre los blogses amigos, y de que mejor manera que la de compartir el texto de Marciano Duran.
Son raros.
Se inventan una meta en cada carrera.
Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda, a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que corren.
Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el número, simplemente por que no están bien.
Los he visto pasar.
Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar, tienen puntadas en el costado… pero siguen.
A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras, las puntadas empiezan a repetirse y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.
¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la vereda?

Están locos.
Yo los conozco bien.
Cuando llegan se abrazan de su mujer o de su esposo que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.
Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.
Llevan un cartel en la frente que apaga y prende que dice “Llegué -Tarea Cumplida”.
Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza, se tiran en el pasto a reponerse pero se paran enseguida porque lo saludan los que llegaron antes.
Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos.
Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo, abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.
Los he visto muchas veces.
Están mal de la cabeza.

Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.
Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la marcha ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.
Se agrupan por equipos y viajan
Compran todas las fotos que les sacan y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.
Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que la visita pueda verlas y tengan que preguntar.
Están mal.
-Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde.
-Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar que esa se la entregaban a todos, incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.
Dos días después de la carrera ya están tempranito saltando charcos, subiendo cordones, braceando rítmicamente, saludando ciclistas, golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.
Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos -consigo mismo- una hora por día.

Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.
Dicen que la gente no se banca tanto silencio.
Dicen que ellos lo disfrutan.
Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan, se cuestionan, preparan sus días mientras corren y conversan sin miedos con ellos mismos.
Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza.
Yo los he visto.
Algunos solo caminan… pero un día… cuando nadie los mira, se animan y trotan un poquito.
En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.
Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y se tiran.
Pican, frenan y vuelven a picar.
Me parece que quieren ganarle a la muerte.
Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.
Están completamente locos.
Marciano Durán
Marzo 2008

