Como siempre que programaban un viaje a la costa, la estancia siempre la buscaban en sitios cercanos a paseos marítimos. Las Vegas era el hotel idóneo para ello, a dos pasos de la playa.
El recepcionista del hotel puso una cara algo estúpida cuando vio a este matrimonio ataviado de corto y con camisetas de algodón de una maratón de una ciudad francesa. Jacques les pidió información de una ruta a seguir corriendo, y el hombre le respondió que el paseo mide unos tres kilómetros, pensando que esta pareja, él con 74 años y ella con 72, tendrían de sobra con esos kilómetros.
Jacques, con un corto pelo cano, 1,70 de estatura y 57 kilos de peso delataba ser un corredor de mil y una batallas. Simone, su esposa, bajita, 1,55 y piel y hueso, sin un gramo de grasa daba el físico de una curtida maratoniana.
Decidieron empezar a correr hacia poniente, llegando hasta
Jacques le llevaba una distancia de unos cuarenta metros a Simone, tanto a ella como a él poco le importaba eso, cada uno iba a su bola, siempre respetando el no distanciarse mucho uno del otro.
Justo en el kilómetro siete y medio, en el Paseo de los Canadiense, el enjuto corredor vio a un colega suyo, bastante mas joven y con otra camiseta de la media maratón de Sevilla-Los Palacios y aceleró el ritmo para darle así alcance. Chapurreando el español logro preguntarle hacia donde daba ese camino, y este le contestó que por él se podía hacer todos los kilómetros que quisiera.
Se presentó él por Jacques Malle y el nuevo acompañante por Paco Montoro. Este le dijo que cuantos kilómetros pensaba hacer y le dijo mitad seña y mitad hablando que unos
Paco preguntó por la edad de ambos, y al enterarse no daba crédito a lo que veían sus ojos. Paco los llevó hasta el kilómetro 12 y ahí dieron la vuelta los tres. ya que el plan de este último era una tirada de
Jacques contestaba a todas las preguntas del curioso Paco, sobre alimentación y kilómetros semanales, comentando que ellos pasaban de los 100 kms durante los siete días.
A la hora larga de correr los tres juntos, el matrimonio se despidió de aquel preguntón corredor, decidiendo este de parar y realizar sus estiramientos y ellos rumbo a ese Hotel Las Vegas, donde le esperaban una buena ducha caliente y un merecido desayuno.
Nota: Esa historia es en parte real (los nombres no, exceptuando el mío), muy poco hay inventado, todo lo deportivo es cierto, e incluso el hotel. ¿Llegaré yo a esa edad y en ese estado de forma? ya me gustaría a mi.
Los volví a ver al día siguiente, por la zona de















