Este sábado pasado he estado en una comunión, como era a las 12, me dio tiempo de sobra para recorrer
Una vez que he recibido mi dosis espiritual de endorfina, soy capaz de hacer lo que sea, por ejemplo asistir a una comunión, eso si, me quedé fuera, sentado en un banco reflexionando sobre mis cosas.
Y en ello estaba, cuando se me sentó un hombre de mi edad más o menos, con una cintura muy superior al 1,30 y una papada descomunal en compañía de su pequeño hijo. Hasta ahí todo normal hasta que empezó a fumar, un cigarro detrás de otro. Lo peor era que no había mas asiento que ese y mis piernas me pedían descanso, pero no lo pude aguantar y me levanté marchándome a una esquina en busca de una buena sombra.
Como la misa era en un pueblo y el santuario estaba a tope, creo que el cura diría esta es la mía, para una vez que se llena la iglesia…así pues una hora larga allí en aquella esquina y el gordito allí fumando y mandando a su hijito a por mas tabaco.
La plaza, a medida que pasaban los minutos, se estaba llenando y como observador que soy, pensé que lo que mas sobraba en toda aquella bulla aparte de yo, era el exceso de colesteroles y grasas. ¿Por qué llegar a esos extremos? A todos nos gusta la buena mesa y las cosas buenas de la vida, pero los años pasan y el cuerpo pasa factura. Me entró en esos momentos unas ganas locas de calzarme de nuevo las zapatillas y salir de allí corriendo y escapar, para demostrarle que debemos de movernos, que solo trabajando no se elimina esas barrigas y que debemos de sudar, pero no sudar esa pringue que nos chorrea cuando hace calor…no esa no…es el sudor sano y limpio, ese que sale lleno de sales y nos dejan marcas blanquecinas por nuestra cara y cuerpo cuando practicamos nuestro la carrera o otros deporte.
En esas estaba, cuando al fin empezaron a salir gentes de la iglesia, mis conocidos me miraron con cara extraña, como pensando ¿y este donde estaba? Me faltó de decirle pensando en salvaros vuestras vidas…pero como aquel que dice, que cada perro se lama su cipote…









